AMÉ LAS COSAS BELLAS DEL MUNDO
La lluvia que en su
sonata
refrescaba mis
propios infiernos.
Las flores marchitas
que yo mismo me
regalaba.
Los corazones
enfermos
que olían a tristeza
y a formol.
La música oscura
que parecía conversar
con mis trastornos.
La poesía maldita
que siempre me
ayudaba en las depresiones.
Los cementerios
donde buscaba una
amante.
Y mi perro querido
que me enseñó la fidelidad.
Amé las cosas bellas
del mundo.
Todo lo que necesita
un poeta
para no inventar
musas en su soledad.

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